Aunque hay enchufes de mil tipos, digamos que los más comunes son los que tienen dos partes que encajan entre sí. Ambas se sostienen por un tornillo ajustado con una pequeña tuerca que está encastrada en la cara opuesta. Una vez que hayas quitado el tornillo y la tuerca, déjalos en lugar seguro (repito, déjalos en lugar seguro, sobre todo para no blasfemar inútilmente cuando los pierdas).
Una vez abierta la ficha, verás que la disposición de los cables en un enchufe es muy parecida a la de un portalámparas. La diferencia consiste en que no conectaremos el cable a una cajita sino a dos clavijas cilíndricas (tres si es un enchufe con toma de tierra). Las conexiones se hacen exactamente igual que en un casquillo, tomando las mismas precauciones para que los hilos no se toquen entre sí. Una vez terminado, encontraremos a la primera (Dios me oiga) el tornillo y la tuerca y cerraremos todo.
¡¡Cuidado!!
En tu caminar por el mundo del enchufe, te encontrarás con que los electrodomésticos y otros aparatos eléctricos llevan un enchufe completamente hermético. Son normas de seguridad las que obligan a que sea así. O sea que no intentes la burrada de abrirlos, porque la única manera de arreglarlo es cambiando entero el cable y el enchufe. Lo mejor es llamar a un servicio técnico y ahorrarte disgustos por metidas de pata.
Tags: cables, electricidad, interiores, reparar enchufes






